La vasija agrietada.

El storytelling es un excelente vehículo para transmitir un mensaje. Aquí te comparto un cuento de la India. Cómo una aparente debilidad puede convertirse en fortaleza. Qué sucede cuando solo te enfocas en lo que no se puede? Cómo afecta a tu autoestima?

Un verdadero líder tiene una sana autoestima y ayuda a los miembros de su equipo a que se apalanquen en sus fortalezas y desarrollen una buena autoestima.


Navil era un aguatero en la antigua India que iniciaba su jornada de trabajo apenas los rayos del sol iluminaban la tierra. Todas las mañanas se ponía un palo sobre los hombros, en cada extremo colgaba una vasija y se dirigía hasta el pozo de agua a cargarlas. Luego caminaba hasta el mercado del pueblo para vender el agua y entoncesvolvía al pozo a repetir el mismo procedimiento.


Navil tenía unas diez vasijas todas en perfecto estado, salvo una, que estaba agrietada. Lo curioso es que para hacer el primer viaje del día siempre tomaba la vasija agrietada y otra en perfecto estado. Cargaba pacientemente las vasijas con agua y luego caminaba los dos kilómetros que lo separaban del pueblo.


Obviamente cuando llegaba al mercado, la vasija agrietada había perdido prácticamente la mitad de su contenido. Así que el aguatero solo podía vender la mitad del volumen de la vasija.


Por el contrario, con la otra vasija repleta de líquido, la ganancia que obtenía era mayor.


¿Porqué Navil tomaría esa vasija que perdía agua?


Esto no pasó desapercibido por el resto de las vasijas que pronto comenzaron a comentar y cuchichear entre sí la situación.

¿Qué utilidad puede tener una vasija agrietada? Una vasija que pierde líquido cuando su función es contenerlo!

¿Es que Navil no se había percatado de ello? Imposible! Cuando llegara al mercado inevitablemente iba a darse cuenta que la vasija contenía menos líquido.


Otra cosa curiosa es que siempre la elegía para hacer el primer recorrido de la mañana. Las vasijas no paraban de cuchichear entre sí y de mirar raro a la vasija agrietada. Por supuesto que estos comentarios y miradas despectivas y de recelo no pasaron inadvertidos para la vasija agrietada.


Entonces la invadió un sentimiento de verguenza. Sentía que no estaba a la altura, que no era suficiente. Todas las demás podían transportar el agua sin problemas pero ella sentía que no servía para hacer lo que se suponía que tenía que hacer. No podía cumplir con lo que los demás esperaban de ella.


Así se fue alejando y encerrando más en su mundo porque pensaba que era un estorbo para el pobre aguatero. Recordaba cuando Navil la había comprado en el mercado hacía ya más de diez años. Era una vasija hermosa, fuerte y resistente, sin la mínima fisura, sin ningún defecto. Ella lo había acompañado todos los días desde esa entonces en ese diario trajinar.


Cierta vez el aguatero regresaba a su casa luego de una larga y extenuante jornada de trabajo, se tropezó con una pequeña piedra en el camino, se cayó y ahí fue cuando la vasija se agrietó y a pesar de sus esmeros por repararla su grieta era evidente.


El aguatero solía hacer otra cosa curiosa que a todas las vasijas, incluyendo la agrietada, les llamaba la atención. En ciertas épocas del año, cuando hacía su primer trayecto desde su casa al pozo con los recipientes vacíos, el hombre tomaba algo de sus bolsillos y lo esparcía a lo largo del sendero. Ninguna sabía de qué se trataba.

A todas las vasijas les intrigaba, pero como era algo que no hacía todo el tiempo, pronto se olvidaban del tema y se les pasaba la curiosidad.

La vasija agrietada cada vez más sola y triste se sentía culpable por ser tan poco útil para Nadil. Como no quería que él la conservara por lástima decidió hablar con él y pedirle directamente que la descarte. Así que esperó a que Nadil regrese del mercado y lo llamó para contarle lo que le pasaba. El hombre se dispuso a escucharla, muy atento a lo que quería decirle. Ella, sin más vueltas, le dijo lo que pensaba. Sabía que él la apreciaba, pero ella ya no le era de utilidad. No tenía sentido que la conserve. No quería que la conservara simplemente por compasión. Lo que debía hacer era descartarla y asunto terminado.

El aguatero la escuchó pacientemente y con una sonrisa le dijo que jamás había pensado en tirarla porque realmente le era muy útil. “¿Útil?”, preguntó ella. Cómo iba a ser útil! Si por su causa perdía dinero todos los días! El hombre le pidió que guardara calma. Al día siguiente le mostraría por qué la valoraba tanto. La vasija agrietada casi no pudo dormir.

Al día siguiente, durante el trayecto al pozo, Navil le dijo: “Por favor observa cuidadosamente todo lo que hay a lado y lado del camino hacia el pozo”. La vasija entonces prestó atención y vió bellísimas flores a un lado del camino.. Cuando llegaron al pozo, el aguatero le dijo: ¿Has observado esas hermosas flores? ¿Te has dado cuenta que solo crecen de tu lado del camino? Cuando te agrietaste, me dí cuenta que podías seguir ayudándome pero de otra forma. Así que sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado. Durante estos últimos años he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro y además puedo vender varias en el mercado a un precio mayor que el agua. Si no fueras exactamente como eres no hubiera sido posible crear esta belleza.

Entonces la vasija entendió que su mayor debilidad se había convertido en su mayor fortaleza.

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